lunes, 16 de febrero de 2015

Escrituras

La primera

La primera noche que pasé junto a ella fue como si no hubiera vivido con anterioridad. Recuerdo aquél olor a salitre enfundándose en las sábanas. Aquellos rostros cargados de adolescencia, la risa desvencijada de quién tiene preocupaciones mundanas y una madrugada por delante.

Fue la primera vez que dormía con una chica, bueno quizás con una que no fuera familia, ya me entendéis.
Era verano, y, pese al calor y mis 15 años cargados de entusiasmo y vigorosidad, ahí estaba yo, temblando, junto a ella, besando esos labios salados, jóvenes, y acariciando un cuerpo a medio hacer.

Nos quisimos hasta el extremo, con la inocencia de unos niños perdidos, que se encontraban al fin, después de tanto.  Recuerdo su espalda, suave, como se erizaba mientras las yemas de mis dedos dibujaban corazones sobre sus surcos.

Ella, con su sonrisa, me susurraba felicidad, magia, y me hechizaba cuando sus ojos miraban dentro de mi ser.

Desabrochamos nuestros cuerpos y exploramos las sensaciones del amor más puro e infinito, lástima que nos diéramos cuenta tarde.

Fue esa noche, la primera noche.


No hay comentarios:

Publicar un comentario